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¿Quién fue Don Checo?

     (Apuntes biográficos y anecdóticos sobre la vida pastoral del Rvdo. José María Torres Rivera, Don Checo.  Adaptado de un escrito de su nieto, el Rvdo. Carlos H. Viana Torres.)

          Permítaseme el privilegio de indicar que estaremos hablando de mi abuelo, y el abuelo de alrededor de cincuenta nietos más, y por ende primos míos.  Ya habrán notado que se me hace muy imposible disimular mi orgullo por mi querido abuelo Pa'Checo y mi querida abuela Angela.  Así le llamábamos desde que comenzamos a ser nietos de ellos.

          A pesar de su ocupado tiempo dirigiendo patriarcalmente una familia, una congregación y una finca que producía café, frutos menores y carbón, nuestro abuelo sacaba sus ratos para jugar con nosotros los nietos.  Para nosotros era una fiesta especial cuando él estaba "de boya", que es lo mismo que decir "con espíritu de juego".  Alrededor de diez de los nietos, que nunca faltaban en aquella espaciosa casa patriarcal, nos arremolinábamos alrededor de su juguetona y sonriente figura.  ¿Qué nos hacía?  Sentaba por turno, a dos de los nietos o nietas en sus rodillas para "pasearnos a caballo" en su trote cuyo fin "abuelístico" parecía ser que el movimiento atolondrado de sus rodillas nos tumbara y entonces comenzaba él mismo ¡la gran celebración!  Luego había otra sesión, también por turno.  Nos colocaba bien afincados entre sus dos grandes rodillas y procedía a "peinarnos" con aquellas manazas y dedos y uñas largas, pero bien cuidadas, a pesar de ser de un agricultor, hasta que sentíamos en nuestro tierno cuero cabelludo el ardor que aquel roce nos causaba.  Pero eso nos encantaba, éramos de un espíritu masoquista.  Así se la pasaba largos ratos jugando con nosotros los cuales disfrutábamos y esperábamos con ansiedad.

          A la hora de ir "pa'l culto", al atardecer, el abuelo era el único que iba en un hermoso y brioso caballo.  Otra vez había que hacer turno para ir en ancas con él en el caballo.  Aunque la distancia era larga (como cinco kilómetros subiendo una jalda todo el tiempo), el privilegio real era ir agarrado al abuelo.  Pero un solo nieto era el privilegiado a la vez y se limitaba a mi hermano, César o a mí, quienes éramos los nietos-visitas ya que vivíamos en Bayamón y estábamos en Barrio Nuevo sólo algunos fines de semana y en las vacaciones.

                         José María Torres Rivera                                     (Pa'Checo, Papa Checo, Don Checo)

          Nació el 12 de abril de 1873 y falleció en el 1951.  Mi hermano César y yo recibimos la noticia de su muerte en el campo de batalla en Corea, y allí en  una caseta enclavada en un monte lo lloramos.  Su padre fue Don Hilario Torres y su mamá Doña Manuela Rivera.  Especialmente Doña Manuela era una devota Católica Romana.  Desde niño fue un devoto religioso.  De vez en cuando iba a pie, con su madre, desde Barrio Nuevo a Naranjito para ir a la misa.  Le llamaba mucho la atencióm la calva del sacerdote y se encariñó con la idea de ser uno de ellos cuando creciera.

           Pues, Pa'Checo se casó con Angela Reyes y procrearon once hijos:  Hilario (Yayo), Rosa, Adolfo, Ignacia (Nacha), Alfonso (Fonso), José (Pepe), Encarnación (Encarnita), Manuela (Mola), Teófilo (Chofo) y Pedrito.  Luego de enviudar, Pa'Checo se casó con una viuda del mismo barrio, Florita Rodríguez, con quien procreó una hija, Rosita.  Sobreviven hoy solamente Pedrito,y Rosita y sus hijos de crianza David y Dámaris.

          Todos los hijos conocieron al Señor y dieron testimonio de la fe.  Adolfo, el mayor de los varones, fue pastor laico y fundador y auspiciador de muchas iglesias en el litoral de Naranjito-Corozal-Bayamón.  Era un agricultor de éxito, así que nunca se lucró de las iglesias que fundara, al contrario, invirtió en ellas.  Yayo, líder laico, tanto religioso como comercial y cooperativista , junto a su esposa, Cunda, iniciaron la obra Discípulos de Cristo en Lomas Verdes.  Teófilo y su esposa, Gloria, ayudaron a hacer lo mismo en Villa Rica.  Esto como puntos de predicación de la Iglesia de la Calle Comerío.  Tía Cunda fue fundadora de la Confraternidad de Mujeres Cristianas (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico.  Manuela fue misionera/enfermera con la Iglesia Presbiteriana en Mayaguez y luego, en su retiro, estableció la Librería Evangélica La Fuente en esa ciudad.  Tio Pepe se mudó jóven a Nueva York y allí su casa fue refugio para los muchos de la familia y el barrio que emigraron a esa ciudad.  Todos fueron miembros fieles al Señor en sus respectivas iglesias.

          La obra de los Discípulos de Cristo en Barrio Nuevo comenzó como una extensión de la iglesia del Barrio Dajaos a principios del siglo XX.  Los primeros misioneros que llegaron a Puerto Rico fueron los esposos B. A. Erwin, quienes estuvieron dos años.  El era abogado y aceptó el cargo de juez de distrito en Puerto Rico.  Le sucedió el Rvdo. William Taylor y Esposa.  En su primer año se bautizaron 137 personas y en el 1901 se organizó la Iglesia Central de Bayamón.  Los Taylor estuvieron dos años y les substituyeron los E . M. Pardee, quienes también estuvieron dos años.

          En el otoño de 1906 llegó el Rvdo. Vere Clifton Carpenter y su esposa que estuvieron hasta jubilarse en el 1944.  Dice el Rvdo. Joaquín Vargas que el Rvdo. Carpenter "combinaba en su personalidad un intenso espíritu evangelístico con un acendrado amor por la vida rural".  El entusiasmo por el evangelio en Barrio Nuevo fue tal a principios de siglo XX que en un momento dado estuvieron como dos meses viajando a pie a Dajaos para asistir a los cultos.  Así, en 1908, Doña Isabel Pérez, la mamá de Don Angérico Reyes (mi suegro) donó una parcela de terreno y se construyó el primer templo que era de madera.

          Pa'Checo fue el primer pastor laico reconocido por el misionero Mr. Carpenter (como le decían) para tal labor.  De la misma forma sucedió con con Don Jesús María Rodríguez (Don Suncho) en Maná y Anones y también Don Manuel Torres (Don Maneco) en Dajos.  Don Maneco era el papá de Alejandrino (Leo) Torres Reyes, autor de alrededor de 40 himnos del Avivamiento del '33.

          La madera que se compró en Bayamón (por $40.00) para la construcción del templo tuvo que llevarse al lugar a través del túnel de la represa de Comerío y por allá subirla bien jalda arriba hasta la loma que le llamaban "El Pastel".  (A la parte de abajo, colindando con una quebrada, la finca de Pa'Checo y el río La Plata, le llamaban "El Juicio").  Mi Tío Pepe, por su liderato y poder de convocatoria entre los jóvenes que trabajaban, fue contratado por Mr. Carpenter para el trabajo de subir toda la madera cuesta arriba hasta "El Pastel".  Realizaron esa difícil e incómoda labor y el "contratista", Tío Pepe, fue a cobrarle a Mr. Carpenter.  La respuesta, más teológica que práctica fue:  "El Señor le pagará con creces allá en el cielo", a lo que Tío Pepe contestó:  "Lo siento, pero el Señor no fue quien me contrató, fue usted".  Ni el Departamento de Hacienda tiene evidencia si se realizó pago alguno.

          En la década del '30 Pa'Checo y su querida congregación fueron literalmente arropados por el Espíritu al ser recipientes de primera mano del Avivamiento del '33 junto a Dajaos, Maná, Anones y Naranjito en ese litoral.  Este nuevo despertar fue clave para el barrio que vivía en una constante y triste pugna religiosa entre protestantes y católicos.  Cuando terminaba la experiencia cúltica por las noches, toda la feligresía (que era prácticamente la familia que vivía en el sector "El Juicio") bajaba cantando los himnos del avivamiento por todo el camino salpicados por lenguas en el Espíritu.  Casi siempre se detenían en el hogar de otros familiares no convertidos como Don Catano y Don Ramón, quienes tenían numerosas familias, especialmente hermosas muchachas.  Esas paradas en el camino fueron claves para que estas familias aceptaran el evangelio y muchos jóvenes de la Iglesia (léase:  Fonso y Pepe Torres, Mirito y Juanchín Rivera, Millo Reyes y Pedro Casillas) se "repartieran" las muchachas y formaran sendos hogares cristianos reviviendo la iglesia y el barrio.  Estas familias también hicieron su aportación musical al volver a activar sus instrumentos y sus voces, cantando y tocando la sinfonía de mano (Adolfo), el cuatro (Don Catano) y la guitarra (Don Ramón).  La pandereta era por combustión propia de todos.  Claro que hay omisiones, pero esas no se mencionan porque no se saben.

          Pa'Checo estuvo cubriendo el pastorado de Barrio Nuevo cada vez que la Misión no podía enviar un pastor oficial.  Mr. Carpenter le consiguió $40.00 para que se comprara un caballo y atendiera también la Iglesia del Salto de Comerío.  En el año 1938, ante la enfermedad de su esposa, Mamá Angela, se mudaron para la Calle Comerío en Bayamón.  La estadía fue corta ya que regresó a Barrio Nuevo en donde su esposa falleció a principio de los años cuarenta.  A su regreso substituyó al Rvdo. Cesar Cotto Reyes.

           Eventualmente, y como justo reconocimiento a la labor pastoral, tanto a Don Suncho como a Don Checo se les hizo justicia y se convirtieron en los dos primeros Pastores Laicos puertorriqueños en ser ordenados al Santo Ministerio.  Los siguientes fueron pastores en Barrio Nuevo en una primera etapa, algunos alternando con Pa'Checo:  reverendos Vicente Ortiz, Florentino Santana, Jesús María Vidal, César Cotto Reyes.  Segunda etapa:  los reverendos Víctor Astacio, Rafael Sánchez, Justino Pérez Alvarez, Dolores Bonilla (dos veces), Carlos H. Viana Torres, Celestino Bula, Ilka Rivera y Pastor Ellis A. Morales.

          Pa'Checo era un magnífico cantor (tenor lírico) y mejor predicador.  Le escuché siendo aún niño.  Sus sermones giraban y enfocaban el aspecto del arrepentimiento.  No le importaba repetir una y otra vez el Sermón del Hijo Pródigo o el Hijo Perdido.  Parece que entendía que era el que más se ajustaba a la época y hoy día muchos dan fe de haber venido al Señor al llamado del Padre amoroso que perdona.

          Pa'Checo era el "paño de lágrimas" del barrio, especialmente del sector "El Juicio".  Su mesa siempre estaba "florecía" de familiares y visitas.... la cocina era grande, con fogón en cenizas de dos "sets" de tres piedras grandes cada uno.  Todos sus hijos siguieron el ejemplo del abuelo de ser desprendidos, dadivosos, pero algunos se distinguieron con asterisco como:  Adolfo, Fonso, Manuela (en Mayagüez estuvimos hospedados una "nube de testigos" mientras estudiábamos), Rosa, Encarnita, Nacha (hospedadora también en Bayamón) y Pedrito.  Entre los nietos que heredaron la misma virtud, nos limitaremos solamente a Angelita en Nueva York y Gugui en Bayamón, quien fue listo y amable heredando y perpetuando el nombre de "Don Checo" en su librería cristiana.  Adolfo Torres (su hijo), Eliezer y Dehuel Torres Soliván y Carlos H. Viana Torres (nietos) fuimos los herederos del ministerio pastoral.

          Pa'Checo nunca conoció el vocablo "vacaciones" y al ir a morar con el Señor dejó de pagar renta, porque aquí en la tierra y en su retiro todavía la pagaba.

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